Termino de leer una novela que se me ha impuesto como un golpe de reflexiones ineludibles. También esto pasará, de la catalana Milena Busquets.
Leida dos veces -ningun comentario literario puede hacerse, creo, sobre una sola lectura-, su final que se nos precipita como una elegía del amor, me hace llorar.
No suelo llorar con las lecturas, recuerdo muy pocas veces -una de ellas fue La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes-, pero Milena Busquets ha logrado con sencillez y una intensidad emocional poco común, trasmitir lo que se siente cuando se pierde a la madre.
"A veces me cuento la historia que tú me contaste un día, sentada en mi cama, para consolarme de la muerte de mi padre: Erase una vez que en un lugar muy lejano, tal vez China, había un emperador poderosísimo y listo y compasivo, que un día reunió a todos los sabios del reino,
"Mucho más fácil que tu obra/ Es vender tus rarezas./ Mejor quema tus cartas, las de él, las de ella.../ Que no haya biografía, si va a ser ésa." ("Biografía", poema de D.J.Enright)
miércoles, 30 de marzo de 2016
sábado, 27 de febrero de 2016
jueves, 18 de febrero de 2016
Hombre que vende castañas
Yo crecí en una casa baja del barrio de San
Cristóbal, y tenía dos abuelas. En realidad solamente una, Ángeles –yo también
me llamo así de segundo nombre-; la otra era su hermana, y se llamaba
Encarnación. Las dos eran andaluzas, de Granada, y apenas si bordearían los
sesenta años. Pero vestidas de negro, con faldas por los tobillos, sombrero
negro con tul -Ángeles - para los paseos, madrugones y misa con rosario las dos,
eran para mí seres lejanos.
A ellas les debo las historias de mi infancia: los
ladrones que se escondían en la fuente, las princesas que cuidaban a su padre
encerradas en el palacio árabe, las canciones que más tarde encontraría en las
recopilaciones de Federico García Lorca –“ese galapaguito no tiene mare…”, “por
qué te bañas en el Genil, en el Genil/ porque es un río de amores lleno/ y todo
lo bueno se baña allí”…
Pero también la crónica de costumbres que me llevarían a Salobreña,
martes, 8 de septiembre de 2015
Enrique Vila-Matas y el sueño de lo no vivido
Porque Enrique Vila-Matas me enseñó que la literatura crea la realidad, pero también la desmiente, es que reproduzco uno de los capítulos de mi libro Memorias imperfectas en que el autor de Bartleby y Cia y tantos otros libros que siempre me acompañan me ayudó a inventar la realidad.
*Sergio Pitol:
el delirio de lo incierto
“Estaba
ciego en la lucidez pero tú has hecho girar la locura..
Todo es visión, todo está libre de sentido”
Todo es visión, todo está libre de sentido”
Antonio
Gamoneda
Estoy en casa leyendo noticias literarias.
Octubre de 2013, mientras repaso y vuelvo a repasar estas páginas. Y me entero
de que en estos días se acaba de rendir un homenaje a Sergio Pitol, en Xalapa,
por haber cumplido hace unos meses ochenta años. Me indican un video, lo busco.
Y allí está Pitol, sentado, ligeramente
encorvado, pero sonriente. Tal como lo vi en diciembre del año pasado en
Guadalajara. En la mesa de los conferenciantes, un ejemplar de Los mejores cuentos de Sergio Pitol y
una rosa.
Las primeras
señales que tuve de él fueron por mi amigo José Donoso. Era su cumpleaños de
setenta años en Santiago, y alguien recordó aquel capítulo de la Historia personal del boom, en el que
Donoso, siempre tendiente a la exageración, adjudica el fin del boom a la Nochevieja (para nosotros “fin
de año”) de 1970. En la casa de Luis Goytisolo, Julio Cortázar y Ugné, Gabriel
García Márquez y su mujer, Carmen Balcells, la gran agente literaria de todos
ellos.
También Jorge
Herralde, editor a quien debemos
nuestras mejores lecturas, [1]en
una inolvidable Noche de los Libros en el Círculo de Bellas Artes de Madrid
(2006) recuerda esta noche,
sábado, 25 de julio de 2015
Inventa un cuento que te sirva de memoria
Inventa
un cuento que te sirva de memoria
Nona
Fernández es chilena. Actriz, directora de teatro, autora de series
televisivas. Publicó su primera novela en 2002. Y sin embargo, la conozco de
casualidad en la feria del libro de Buenos Aires, en 2013. Voy a una mesa
redonda (o panel? Cómo se dice ahora? Importa mucho?) me compro su libro porque
me llama la atención la tapa. Un dragón sobre un fondo dinámico. Y hablo con
ella, y me lo firma. Es joven, nació en 1971. Lo leo en el invierno, y lo releo
ahora, en este diciembre agobiante de calor. Y me fascina por segunda vez.
Porque
Nona inventa una memoria sobre lo que es la memoria de todos. De todos los que
hemos vivido los golpes de estado de los setenta.
jueves, 25 de junio de 2015
Para que no nos corten la cabeza
Revisar la historia y la literatura buscando las razones y las circunstancias en las cuales mueren algunas mujeres necesitaría de un trabajo que excede los marcos de estas reflexiones.
Sin embargo, partimos de que en uno de sus trabajos, Freud se pregunta “Qué quieren las mujeres”. Tomo esta pregunta y la convierto en otra: “Cuánto vale la vida de las mujeres”. En cuanto me fue propuesta esta aventura, pensé en dos personajes de la literatura; en dos actrices muy hermosas, de muerte dudosa, y en dos hombres contemporáneos, de gran nivel intelectual y prestigio, que atentaron contra sus mujeres. Ifigenia, de la tragedia griega, Desdémona, de la tragedia isabelina, el Otelo de Shakespeare; Marilyn Monroe (suicidio por ingestión de pastillas), Nathalie Wood (desaparecida aparentemente al caer por accidente del barco en el que pasaba unas vacaciones con su marido y otros invitados). Ellos, los hombres: Louis Althusser (1918-1990), filósofo francés, autor, entre muchos trabajos, de dos libros muy leídos en mi generación: “La revolución teórica de Marx” y “Para leer el capital”. Norman Mailer, (1923-2007) en 1948 publica “Los desnudos y los muertos”. Y muchas novelas más, entre ellas “La canción del verdugo”, “El castillo en el bosque fue la última”. También una biografía novelada de Marilyn Monroe.
Mi pregunta, entonces: *Cuánto vale la vida de las mujeres *De dónde viene el permiso que autoriza la vida de las mujeres como prenda. *Y una tercera, tomando como bisagra la historia de Sherezade y el sultán, en “Las mil y una noches”, libro que compendia los relatos más antiguos de la tradición oriental. Un sultán descubre que su mujer le es infiel, la mata, y a partir de ese momento le pide al visir que todas las noches le proporcione una muchacha virgen, que pasará la noche con él y al día siguiente se le cortará la cabeza. Sherezade, la hija del visir, le pide a su padre ser ella la que duerma con el sultán, a su pesar, su padre accede. Sherezade le cuenta al sultán una historia, y tiene la habilidad de interrumpir cada noche para retomar al día siguiente, con lo cual salva la vida y se convierte, después de muchas noches, en la esposa del sultán y madre de sus hijos. La fórmula de Sherezade: “si el rey me lo permite, continuaré esta noche con la historia”. Entonces la tercera pregunta es
Sin embargo, partimos de que en uno de sus trabajos, Freud se pregunta “Qué quieren las mujeres”. Tomo esta pregunta y la convierto en otra: “Cuánto vale la vida de las mujeres”. En cuanto me fue propuesta esta aventura, pensé en dos personajes de la literatura; en dos actrices muy hermosas, de muerte dudosa, y en dos hombres contemporáneos, de gran nivel intelectual y prestigio, que atentaron contra sus mujeres. Ifigenia, de la tragedia griega, Desdémona, de la tragedia isabelina, el Otelo de Shakespeare; Marilyn Monroe (suicidio por ingestión de pastillas), Nathalie Wood (desaparecida aparentemente al caer por accidente del barco en el que pasaba unas vacaciones con su marido y otros invitados). Ellos, los hombres: Louis Althusser (1918-1990), filósofo francés, autor, entre muchos trabajos, de dos libros muy leídos en mi generación: “La revolución teórica de Marx” y “Para leer el capital”. Norman Mailer, (1923-2007) en 1948 publica “Los desnudos y los muertos”. Y muchas novelas más, entre ellas “La canción del verdugo”, “El castillo en el bosque fue la última”. También una biografía novelada de Marilyn Monroe.
Mi pregunta, entonces: *Cuánto vale la vida de las mujeres *De dónde viene el permiso que autoriza la vida de las mujeres como prenda. *Y una tercera, tomando como bisagra la historia de Sherezade y el sultán, en “Las mil y una noches”, libro que compendia los relatos más antiguos de la tradición oriental. Un sultán descubre que su mujer le es infiel, la mata, y a partir de ese momento le pide al visir que todas las noches le proporcione una muchacha virgen, que pasará la noche con él y al día siguiente se le cortará la cabeza. Sherezade, la hija del visir, le pide a su padre ser ella la que duerma con el sultán, a su pesar, su padre accede. Sherezade le cuenta al sultán una historia, y tiene la habilidad de interrumpir cada noche para retomar al día siguiente, con lo cual salva la vida y se convierte, después de muchas noches, en la esposa del sultán y madre de sus hijos. La fórmula de Sherezade: “si el rey me lo permite, continuaré esta noche con la historia”. Entonces la tercera pregunta es
Un capítulo de otra historia
Capítulo de otra historia…
“Detrás del muro, novela de mi memoria imprecisa”, de Roberto Ampuero
Cierro el libro con esta última frase. Más de cuatrocientas páginas leídas como pocas veces ocurre, en un vértigo no solo de curiosidad sino también de angustia, de inquietud, de desasosiego.
Estamos en el siglo XXI, todos lo sabemos. Se cumplen 70 años de la liberación de Auschwitz. Entre nosotros, treinta años del juicio a las juntas. Estados Unidos se acerca a Cuba. Rusia ¿compartirá? con la Argentina
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