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miércoles, 30 de marzo de 2016

El libro de la madre como el fantasma que no nos abandona

Termino de leer una novela que se me ha impuesto como un golpe de reflexiones ineludibles. También esto pasará, de la catalana Milena Busquets.
Leida dos veces -ningun comentario literario puede hacerse, creo, sobre una sola lectura-, su final que se nos precipita como una elegía del amor, me hace llorar.
No suelo llorar con las lecturas, recuerdo muy pocas veces -una de ellas fue La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes-, pero Milena Busquets ha logrado con sencillez y una intensidad emocional poco común, trasmitir lo que se siente cuando se pierde a la madre.
"A veces me cuento la historia que tú me contaste un día, sentada en mi cama, para consolarme de la muerte de mi padre: Erase una vez que en un lugar muy lejano, tal vez China, había un emperador poderosísimo y listo y compasivo, que un día reunió a todos los sabios del reino,

sábado, 4 de enero de 2014

Homenaje a Roberto Bolaño, a diez años de su muerte

Porque en el Centro Cultural Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires se exhibe su archivo literario, a los diez años de su muerte, es que quiero reproducir esta nota entrañable de Javier Cercas, publicada en el diario El País en 2003.


Llanto por un guerrero 

  Javier Cercas
  El País Semanal, domingo 21 de septiembre de 2003

  Roberto Bolaño murió hace ya más de dos meses. Murió el 15 de julio, con
  apenas 50 años, y al día siguiente los periódicos se llenaron de glosas y
  artículos sobre su vida tremenda y su obra magnífica. La muerte no mejora a
  nadie, pero esta vez los artículos y glosas eran justos. En ellos

sábado, 9 de marzo de 2013

La literatura, ¿puede salvar al hombre?

 "Auschwitz
«¿Regresará Dios cuando su creación esté destruida?», se pregunta Elías Canetti. No lo sé, pero soy tan optimista que creo que habrá escritores para contarlo. Hablando precisamente de Canetti, me acuerdo de un texto suyo, La profesión de escritor, en el que cuenta el estupor que le produjo la lectura de una nota suelta de un escritor anónimo, la nota llevaba la fecha del 23 de agosto de 1939, es decir, una semana antes del estallido de la segunda Guerra Mundial, y el texto decía: «Ya no hay nada que hacer. Pero si de verdad fuera escritor, debería poder impedir la guerra».
Canetti se dijo todo esto, pero durante días no paró de darle vueltas a aquella nota del escritor anónimo, de aquel pájaro solitario. Hasta que de pronto se dio cuenta de que el autor de aquella nota suelta tenía una profunda conciencia de las palabras, y entonces pasó Canetti de la indignación a la admiración. Se dio cuenta de que mientras haya gente —y hay, desde luego, más de uno— que asuma esa responsabilidad por las palabras y la sienta con la máxima intensidad al reconocer un fracaso total, tendremos derecho a conservar una palabra —la palabra escritor— que ha designado siempre a los autores de las obras esenciales de la humanidad, esas obras sin las cuales no tendríamos conciencia de lo que realmente constituye dicha humanidad.
El orgullo del escritor de hoy tiene que consistir en enfrentarse a los emisarios de la nada —cada vez más numerosos en literatura— y combatirlos a muerte para no dejar a la humanidad precisamente en manos de la muerte. En definitiva: que a un escritor le podamos llamar escritor. Porque digan lo que digan, la escritura puede salvar al hombre. Hasta en lo imposible."
Esto escribe Vila-Matas en su discurso de recepción del Premio Rómulo Gallegos. Lo recibe en Caracas en 2001. Quiero compartirlo. Siento que me robaron Venezuela para transformarla en un fantasma sin identidad. Rómulo Gallegos, yo tenía 14 años cuando me quedaba hasta tarde leyendo en una edición de Aguilar de tapitas de cuero una novela que no era Doña Bárbara, No estoy segura de si era La trepadora o sobre la misma tierra, pero había una escena que me fascinaba: cómo desde su caballo un capataz le pegaba latigazos a un indio. Yo tambiñen creo, como Vila-Matas, que la escritura puede salbar al hombre. Ojalá los venezolanos puedan leer a Rómulo Gallegos, que fue maestro, llegó a ser ministro de educación y tres meses presidente.


lunes, 6 de agosto de 2012

The Great Dylan

A los que esperamos con verdadera ansiedad un nuevo libro de Enrique Vila-Matas, cada lectura es una extraña mezcla de placer, angustia y desafío. Casi como la cita con el primer novio a los doce años. Esta vez, "Aire de Dylan" propone una nueva telaraña de significados. No solamente nombres, citas, enigmas, personajes ficticios que se asumen como reales, personajes con nombres reales, pero que no son los que fueron o son en la vida, sino también el fantasma del autor mirando por encima de nuestro hombro cómo leemos, cómo nos portamos como lectores. Y eso da miedo, claro.
Pero esta vez  creo que se trata de su novela más sofisticada. Algo así como una poética resumida en ficción, un lugar en el texto donde el autor Vila-Matas nos dice "esto es lo que pienso y lo que soy capaz de hacer".
Lo obvio: la crítica a la posmodernidad, el elogio al "no hacer", el personaje oculto, el escritor que cuenta, disfrazado de fracasado, una historia de amor que en el nivel más oculto es una historia del amor a la escritura. Y la imposibilidad de dejar de escribir, por mucho que se plantee la tortura real que significa el oficio de dar vida y letra, la verdadera esclavitud

jueves, 1 de marzo de 2012

Los niños de Extremadura, de Rafael Alberti


Los niños de Extremadura
van descalzos.
¿Quien les robó los zapatos?

Les hiere el calor y el frío.
¿Quién les rompió los vestidos?

La lluvia
les moja el sueño y la cama.

¿Quién les derribó la casa?

No saben
los nombres de las estrellas.
¿Quien les cerró las escuelas?

Los niños de Extremadura
son serios.
¿Quién fue el ladrón de sus juegos?

(El poeta en la calle, 1935)






jueves, 8 de diciembre de 2011

La literatura o la vida, de Jorge Semprùn

"Nadie puede ponerse en tu lugar, pensaba yo, ni siquiera imaginar tu lugar, tu arraigo en la nada, tu mortaja en el cielo, tu singularidad mortìfera. Nadie puede imaginar hasta què punto esta singularidad mortífera. Nadie puede imaginar hasta què punto esta singularidad gobierna solapadamente tu vida: tu cansancio de la vida, tu avidez de vivir; tu sorpresa infinitamente renovada ante la gratuidad de la existencia; tu alegría violenta por haber regresado de la muerte para aspirar el aire yodado de las mañanas oceànicas, para hojear libros, para acariciar la cadera de las mujeres, sus pàrpados adormecidos, para descubrir la inmensidad del porvenir."

domingo, 20 de noviembre de 2011

Un hombre y una mujer se escriben

Así titula Félix de Azúa su nota en El País del sábado 19 de noviembre. Se trata del libro Correspondencia y son las cartas que durante años intercambiaron Carmen Martìn Gaite y Juan Benet. Dos escritores españoles que si tuviéramos la buena costumbre de leernos entre nosotros, los de la lengua española,los veríamos como compañeros de ruta: sometidos a los vaivenes políticos, obligados a crear un lenguaje literario y mundos alusivos, siempre temiendo algo, siempre justificándose de alguna manera frente a su libertad como intelectuales.
Carmen Martín Gaite fue una de las invitadas que venían a Buenos Aires a la Semana de Autor organizada por el ICI, ya sabemos, Florida y Paraguay, a media cuadra del entrañable Florida Garden. El impulsor de estas semanas fue el primer directos, Pedro Molina Temboury, inolvidable.Creo que fue en 1989, más o menos, participé de esa semana con un trabajo que hice sobre su libro "Macanaz", la historia de un funcionario de gobierno en España, en el siglo XVII, convertido en Censor.