A los que esperamos con verdadera ansiedad un nuevo libro de Enrique Vila-Matas, cada lectura es una extraña mezcla de placer, angustia y desafío. Casi como la cita con el primer novio a los doce años. Esta vez, "Aire de Dylan" propone una nueva telaraña de significados. No solamente nombres, citas, enigmas, personajes ficticios que se asumen como reales, personajes con nombres reales, pero que no son los que fueron o son en la vida, sino también el fantasma del autor mirando por encima de nuestro hombro cómo leemos, cómo nos portamos como lectores. Y eso da miedo, claro.
Pero esta vez creo que se trata de su novela más sofisticada. Algo así como una poética resumida en ficción, un lugar en el texto donde el autor Vila-Matas nos dice "esto es lo que pienso y lo que soy capaz de hacer".
Lo obvio: la crítica a la posmodernidad, el elogio al "no hacer", el personaje oculto, el escritor que cuenta, disfrazado de fracasado, una historia de amor que en el nivel más oculto es una historia del amor a la escritura. Y la imposibilidad de dejar de escribir, por mucho que se plantee la tortura real que significa el oficio de dar vida y letra, la verdadera esclavitud
"Mucho más fácil que tu obra/ Es vender tus rarezas./ Mejor quema tus cartas, las de él, las de ella.../ Que no haya biografía, si va a ser ésa." ("Biografía", poema de D.J.Enright)
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lunes, 6 de agosto de 2012
viernes, 11 de mayo de 2012
La casa de Marguerite Duras
La casa de Marguerite Duras, en el número 5 de la Rue de Saint-Benoît, en Paris.
"La soledad de la escritura es una soledad sin la cual el escribir no se produce, o se fragmenta exangüe de buscar qué seguir escribiendo. Se desangra, el autor deja de reconocerlo. Y ante todo, nunca debe dictarse a secretaria alguna, por hábil que sea, y, en esta fase, nunca hay que dar a leer lo escrito a un editor.
Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas la luces, ya sean del exterior o de la lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel período de mi primera soledad ya había descubierto que lo que tenía que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo había confirmado. El único principio de Raymond Queneau era éste: “Escribe, no hagas nada más”. Escribir: era lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. La escritura nunca me ha abandonado.
Mi habitación no es una cama, ni aquí, ni en París, ni en Trouville. Es una ventana determinada, una mesa determinada, ritos de tinta
domingo, 22 de enero de 2012
Escribir la ausencia
"Me dije que uno escribe siempre sobre el cuerpo muerto del mundo, y también sobre el cuerpo muerto del amor. Que es en los estados de ausencia donde se hunde lo escrito, no para reemplazar nada de lo que ha sido vivido o supuestamente ha sido, sino para consignar el desierto dejado por ello."
Texto de Marguerite Duras
Texto de Marguerite Duras
domingo, 1 de enero de 2012
Nuevas fotos 2011
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